—¡Óscar siempre ha sido un hombre débil, Elio! —espetó Roxana, su voz volviendo a ser un cuchillo helado—. Está emocionalmente vulnerable; acaba de perder a su padre. Diré que esa copia es falsa, que el viejo la manipuló para sembrar cizaña. ¡Lo haré buscar la clínica para hacer nuevos exámenes y ganaré tiempo!
—¡Ya cállate, Elio! ¡Maldición! ¡Algo se me ocurrirá! —Roxana estaba ahora completamente vestida con la bata, sus ojos fijos en la nada, su mente trabajando a mil por hora—. Nadie me qui