El avión surcaba el cielo en silencio, dejando una estela blanca entre las nubes. Rubén miraba por la ventanilla, con el rostro apoyado sobre una mano y el corazón lleno de pensamientos que no lograba ordenar. A su lado, su hija Aisel dormía profundamente con la cabeza recostada en el regazo de Clara, la mujer que lo acompañaba en el viaje y quien, al notarlo tan distraído, prefirió no interrumpirlo.
El ruido constante del motor era lo único que rompía aquel silencio que se había instalado entr