El sonido de los neumáticos sobre la grava anunció la llegada de Rubén. Había sido un viaje largo y silencioso, cargado de pensamientos y promesas no dichas. Clara, a su lado, mantenía la vista fija hacia el frente, mientras Aisel dormitaba apoyada en el vidrio del automóvil. Cuando el motor se detuvo frente a la vieja casa familiar, Rubén respiró hondo. Volver a aquel hogar siempre le removía algo dentro: recuerdos de infancia, olor a hogar y el rostro amable de su madre esperándolo en el umbr