La habitación ya no parecía un edificio.
Parecía un escenario.
Iluminación controlada.
Posicionamiento perfecto.
Cada movimiento anticipado.
Porque esto...
Esto no era casualidad.
Esto era diseño.
La figura dio un paso al frente.
Tranquila.
Serena.
Imparable.
Como si nada de esto...
fuera inesperado.
Elena no se movió.
No habló.
Porque algo dentro de ella...
Lo reconoció.
No el rostro.
No la presencia.
Sino la sensación.
Control.
Control absoluto.
—¿Quién eres? —preguntó Elena.
Su voz era firme