El silencio no duró.
Nunca duró.
El sistema era estable…
Pero observaba.
Esperaba.
Y entonces…
Las pantallas cambiaron.
Sin parpadear.
Sin fallos.
Alineándose.
Cada pantalla…
Cada superficie…
Cada interfaz…
Enfocada en una sola cosa.
Una sola figura.
Sin distorsión.
Sin ocultamiento.
Clara.
Intencional.
Elena no se movió.
Porque ya lo sabía.
Ese era el momento.
La voz…
Ahora tenía rostro.
Un hombre.
Tranquilo.
Sereno.
Observándola…
Como siempre lo había hecho.
«Por fin», dijo.
Su voz…
La misma.