Daniel arrugó rápidamente la foto con el sello de la rosa negra. La escondió en el bolsillo de su chaqueta antes de que Bianca pudiera ver el detalle de la mira del francotirador sobre ellos. El corazón le latía desbocado, golpeando con fuerza contra su pecho.
—¿Qué ocurre, Daniel? —preguntó Bianca, preocupada. Sus ojos escudriñaron el rostro de su marido, que de repente se había tensado por completo—. ¿Es una nueva amenaza de tu abuelo? ¿Aún intenta ir en nuestra contra?
—No es de mi abuelo —r