49. El derrumbe del primer bastión
El resplandor de las luces de la ciudad de Seattle, al otro lado de las paredes de cristal del penthouse, parecía un mar de estrellas caídas sobre la tierra. Sin embargo, en el interior del Centro de Mando secreto de Daniel Hartwell, la única luz que dominaba era el fulgor azul de decenas de gigantescos monitores que mostraban complejos gráficos, cifras y flujos de datos.
Bianca permanecía de pie junto a la mesa de observación, con la mirada fija en la pantalla principal. Allí se mostraban con c