158. A través del humo y la sangre
La voz de Ezio resonó con eco en el interior del auto. Bianca se quedó petrificada, conteniendo el aliento. Su mente intentaba procesar las palabras de aquel hombre. Daniel se estaba desangrando. Bianca sintió como si le arrancaran el corazón del pecho a la fuerza.
—Abre la puerta del auto ahora mismo, Kenzo —ordenó Bianca con la voz temblorosa. Su mano ya aferraba la manija.
—No puedo hacer eso, señora —se negó Kenzo de inmediato. El asistente bloqueó todas las puertas desde el panel de contro