164. Un latido al otro lado del océano
Vittoria tecleó el mensaje de cancelación del ataque con los dedos temblorosos. El sudor empapaba la pantalla del teléfono de la mujer. Bianca le arrebató el aparato de las manos de inmediato. Lo arrojó con fuerza contra el suelo y, con su tacón alto, lo pisoteó hasta hacerlo añicos.
—Átala —ordenó Bianca a Kenzo. Su voz sonaba profundamente exhausta, pero tajante.
Kenzo amarró de inmediato las manos de Vittoria a su espalda. La mujer del vestido rojo no opuso más resistencia. Su valentía se ha