157. Aterrizaje en la Ciudad de la Luz
El constante zumbido de los motores del jet resonaba en los oídos de Bianca. El lujoso avión surcaba el cielo nocturno sobre el océano Atlántico. Bianca estaba recostada en el asiento de cuero reclinado, y Daniel estaba sentado justo a su lado. La mano del hombre no dejaba de sostener los dedos de su mujer, entrelazados con los suyos con inquebrantable firmeza.
—No has dormido nada en todo el trayecto —le reprochó Bianca con suavidad, girando el rostro para mirarlo—. Nuestro viaje a París aún e