Capítulo 88. La había encontrado.
El valle se extendía bajo el fuselaje del helicóptero como un tapiz de verdes y marrones, lavado por la tormenta de la noche anterior.
Pero Ares Valerián no veía la belleza del paisaje. Sus ojos grises, agudizados por la adrenalina y la falta de sueño, escaneaban el terreno con la precisión de un depredador que ha olido sangre en el viento.
El ruido de los rotores era ensordecedor, un thump thump thump rítmico que vibraba en sus huesos, sincronizándose con los latidos furiosos de su corazón.