Capítulo 87. Los fantasmas de una memoria.
El mediodía caía sobre la pequeña granja de los Vance con una pesadez húmeda y sofocante. El sol, que había logrado abrirse paso entre las nubes de tormenta remanentes, calentaba la tierra mojada, haciendo que el aire oliera a barro, a hierba cortada y a vida silvestre.
Lía estaba sentada en el porche trasero de la casa, con una cesta de mimbre llena de mazorcas de maíz; ahora estaban manchadas de tierra y almidón, con las uñas cortas y desiguales.
Sin embargo, ella sentía algo extrañamente re