Capítulo 62. La carretera que no perdona.
La calle estaba borrosa.
No solo por la lluvia, sino también por sus ojos.
Tenía las manos rígidas en el volante, como si apretarlo fuera la única forma de no desmoronarse justo allí, en medio del camino.
Y aun así, el mundo se movía, avanzaba, se estiraba delante de ella como una carretera interminable.
Cuando dejó la mansión, lo hizo sin pensarlo un solo segundo.
Solo quería poner distancia entre ese traidor de Ares y ella. Lo único que le dolía era tener que alejarse de Harry, ese niño que