Capítulo 34. No te vayas.
Ares pasó lentamente la mano por la mejilla abofeteada. No hubo rabia, solo una profunda conmoción y comprensión.
La rabia de Lyanna era real. Su dolor era real. La bofetada... la bofetada era la prueba de que ella no era igual a Lena.
El silencio que quedó después de la bofetada era más fuerte que el golpe. Más pesado. Más violento.
Él siguió quieto, con la mejilla roja, respirando como si acabara de correr una maratón. Sus ojos grises no entendían, no procesaban, no sabía si odiar o suplicar