Capítulo 26. Un viaje divertido.
Eris sintió una calma fría descender sobre ella. Era insultante. Era asqueroso. Pero también era triste. Esa gente pensaba que todo, absolutamente todo, tenía un precio.
—Tiene razón en una cosa, Vance —dijo Eris, tomando el cheque—. Soy inteligente.
El abogado sonrió por primera vez, una mueca de satisfacción triunfal.
—Me alegra que nos entendamos. Aquí tiene la pluma.
Eris tomó la Montblanc pesada y costosa.
—Gracias.
Apoyó el cheque sobre la mesa de fórmica pegajosa. Vance la observaba, e