Capítulo 21. El desmentido y la fortaleza.
El Ferrari rojo robado, o técnicamente tomado prestado a la fuerza, derrapó en la entrada de la Mansión Valerián, levantando una nube de grava y polvo que brilló bajo los focos de seguridad.
Silas no esperó a que el motor se enfriara. Salió del coche, con el esmoquin desabrochado, la camisa fuera del pantalón y el pelo revuelto por el viento. Parecía un ángel caído, o un demonio que acababa de escapar del infierno para reclamar lo suyo.
Subió los escalones de la entrada de dos en dos y golpeó l