Capítulo 22. La invasión matutina.

La luz del sol se colaba por las cortinas de la habitación de Eris con una alegría ofensiva.

Eris abrió un ojo, gimió y se cubrió la cabeza con la almohada. Se sentía como si un camión le hubiera pasado por encima, hubiera dado marcha atrás y le hubiera vuelto a pasar.

Sus ojos estaban hinchados de llorar, aunque ella lo llamaba "alergia al polvo de la estupidez masculina", y es que se había ilusionado con ese tonto, pensó que ella le importaba, pero al parecer se había equivocado.

Su estómago
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