Una sorpresa inesperada.
Los esposos salieron del consultorio. Angelic ya estaba un poco más calmada, había dejado de llorar, y ahora tenía hambre.
— Dimitrir, tengo muchísima hambre, vamos al restaurante coast blue que está aquí cerca.
— Angelic, ¿estás consciente de que no puedes caminar, que te tendría que entrar cargando, y que tú pie parece que te lo acaban de trasplantar de un cadáver?
— Entonces es eso, ¿Eh? Te averguenzas de mi, y de mi feo pie, además te averguenzas entrar conmigo en tus brazos, está