Un CEO salvaje. Guardando secretos.
Esa tarde noche el CEO Mendoza volvió a su hogar bastante golpeado, sus pequeños diablillos que ya lo esperaban en la sala de estar, se le quedaban viendo fijamente.
Su padre tenía algo extraño en el rostro. El empresario tenía dos puntos en la ceja, un ojo aviolatado por el golpe y un labio roto.
— Rafael... ¿Pero que te pasó? — Emma se acercó para ver más de cerca el atractivo rostro de su esposo. Ella se preocupó de inmediato. — Habla Rafael, ¡¿Quién te hizo esto?!
— No es nada, me