Muero por conocer a mi nieto.
En el corazón de los padres, sus hijos siempre serían especiales, y ese bebé de redondos ojos azules no era la excepción.
El CEO recordó que era hora de avisar a su familia, sus suegros, y sus amigos que el bebé ya había llegado al mundo. Marcó al celular de su padre para darle la noticia.
Abajo, en la sala de estar, el magnate se apresuró a contestar.
— Doménico ya está llamando.
Todo el mundo se puso a la expectativa de lo que diría.
— Papá, ¿Dónde estás?
— ¿Dónde voy a estar