Heredando genes excelentes.
El pequeño Lucano bajó de la sala de juegos, sabía que iban a estar sus abuelos en casa, pues ya los estaban esperando.
El niño vestido de finas ropas se acercó a sus abuelas para darles un beso.
— Lucanito, mi cielo, ¿Cómo estás? ¡Ven aquí, mírate como estás de apuesto!
— Abuela Adriana, estoy bien, el tío Dimitrir, y la tía Angelic me cuidaron muy bien, conocí a las gemelas Darkok, sin un poco lloronas pero son lindas, pero yo vengo a ver con los abuelos unos asuntos.
— ¿Qué asun