Devolviendo ese único obsequio.
Ambas chicas quedaron sorprendidas al ver al gallardo heredero de ojos azul claro como representando el helado mar de Rusia, haciéndose presente en el lugar.
— ¿Qué demonios crees que haces?
La rubia se removía de su agarre, pero no lograba soltarse.
— ¡Suéltame! ¿Cómo te atreves a lastimar a una dama?
— Yo solamente veo a una dama aquí, y esa no eres tú, ¿Rafaela, estás bien? Ya me he enterado de que esta chica no tiene educación, y que está aquí para perseguir a Vladimir, como ba