El despacho de Luciano Trovatto estaba en penumbra cuando Alonso cruzó el umbral. La madera oscura, los libros antiguos perfectamente alineados y el aroma tenue a tabaco fino daban al lugar una solemnidad casi sagrada. Luciano estaba de pie junto al ventanal, con las manos entrelazadas detrás de la espalda, observando la ciudad como si pudiera leer el destino en sus luces.
—Padre —saludó Alonso con voz firme, aunque su expresión estaba más rígida de lo habitual.
Luciano giró lentamente y lo o