Mirian Carrasco tardó unos segundos más de lo necesario en marcharse.
Su sonrisa estaba recompuesta, su postura nuevamente impecable, pero la tensión en su mandíbula traicionaba lo que realmente sentía. Se despidió con una inclinación elegante.
—Que disfruten la velada —repitió, ahora con una suavidad que ya no buscaba imponerse.
Vega sostuvo su mirada con calma.
—Lo haremos.
Alonso no añadió nada más.
Mirian giró finalmente y se alejó entre las mesas, su silueta firme, su andar aún orgulloso…