La sala de juntas del Corporativo Trovatto estaba envuelta en una elegancia fría y calculada. La mesa de madera oscura brillaba bajo la luz blanca del techo, y las paredes de cristal dejaban ver la ciudad como un tablero de ajedrez extendido bajo sus pies.
Vega estaba sentada a la derecha de Alonso, ligeramente un paso atrás como correspondía a su rol de asistente. Frente a ella, una tablet abierta y un cuaderno de notas. Su postura era impecable. Profesional.
Alonso, en cambio, ocupaba la ca