LA DESTRUCCIÓN ES POR ELLA.
El tintinear suave de la porcelana rompía el silencio del comedor. El desayuno había continuado tras el enfrentamiento con Rolando Trovatto, pero el aire no se había relajado. Por el contrario, algo más denso, más profundo, se había instalado entre los presentes. No era hostilidad abierta. Era expectativa.
Vega lo sentía en la espalda, como un presentimiento que no sabía aún cómo nombrar.
Rolando bebía su café con parsimonia, observando sin parecer hacerlo. Leticia conversaba en voz baja con su