Al dia siguiente, la mañana en la Villa El Roble amaneció serena. Demasiado serena. Alonso recibiría a un Socio allí entonces por la mañana no iría a la Empresa.
La luz entraba por los ventanales del despacho privado que Alonso había mandado acondicionar para Vega. No era grande como la oficina presidencial, pero tenía su carácter: madera clara, estanterías ordenadas, una mesa amplia y elegante, y una vista que permitía observar los jardines perfectamente cuidados.
Vega estaba sentada frente