Vega estaba medio dormida cuando lo escuchó.
No fue un sonido humano. No fue una respiración, ni el roce de pasos sobre la alfombra. Fue algo más… mecánico, calculado, fuera de lugar dentro de la calidez de la habitación.
—MI AMO ME HA OBLIGADO A VENIR POR TI —dijo la voz, metálica, con pausas antinaturales—. CREO QUE SE TE PEGARON LOS OJOS. LEVÁNTENSE Y y PREPARE SU MALETA. INTRUSA DORMILONA
Vega frunció el ceño sin abrir los ojos. Su cuerpo aún estaba tibio por el sueño, el corazón latién