El vehículo se detuvo con suavidad frente al edificio del Trovatto Group.
El motor aún estaba encendido cuando Vega se inclinó hacia adelante, dispuesta a abrir la puerta. Su mente ya estaba en otro sitio: en su vehículo, en la sensación de volver a conducirlo, en recuperar aunque fuera un pequeño fragmento de control sobre su vida.
Pero no llegó a tocar la manija. Una mano firme la sujetó del brazo. No fue violento. No fue brusco. Fue inequívocamente dominante.
Vega se quedó inmóvil.
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