La noche cayó sobre la Villa del Roble con una lentitud densa, casi expectante. El ambiente nocturno era agradable.
Las luces exteriores se encendieron una a una, delineando los jardines con una elegancia sobria. Vega estaba en la sala, sentada en uno de los sofás amplios, con Algodón recostado a su lado. El cachorro dormía, ajeno a todo, su respiración suave contrastando con la inquietud que se acumulaba en el ambiente.
Ella lo sintió antes de verlo.
La presencia de Alonso Trovatto no necesita