Vega salió tras él sin decir una palabra más, ya no quería tentar a la muerte. Y no se quedaba en silencio porque no tuviera nada que decir, sino porque cada frase que se le cruzaba por la mente terminaba siendo un desafío. Y ya había desafiado demasiado a Alonso Trovatto por un solo día. Más allá de todo valoraba su vida y supuso qué hoy no es un buen día para morir.
El aire exterior era fresco, pero no lograba disipar la electricidad que le recorría el cuerpo. A lo lejos, la camioneta negra