La mañana apenas comenzaba a desperezarse cuando Nahla ya estaba en su oficina. El edificio aún permanecía en calma, lejos del caos habitual de empleados, llamadas y decisiones urgentes. Para ella, ese era el único momento del día en el que podía pensar con claridad.
Sobre su escritorio descansaban los bocetos del próximo desfile. Telas, cortes, nombres de modelos, logística, todo perfectamente organizado. Nahla revisaba cada detalle con una precisión casi obsesiva, como si en ese orden pudiera