La noche cayó sobre la ciudad vistiendo los jardines de la mansión Casalins con un manto de sombras pesadas. En la calidez de la sala principal, lejos de los ojos curiosos de los empleados, el orgullo de Nahla se desmoronó por completo.
Con el cuerpo encogido por el sufrimiento, mantenía la cabeza apoyada en las piernas de su madre, repitiendo el mismo tierno refugio que buscaba cuando era apenas una niña asustada. Valentina le acariciaba el cabello con suavidad, dejando que su hija descargara