La pantalla del teléfono parpadeó una última vez, mostrando la dirección exacta del almacén abandonado en las afueras de la ciudad. William guardó el aparato en su saco con un movimiento mecánico, sintiendo un vacío absoluto en el pecho. Ya no le importaba perder su posición en la empresa, ni el dinero, ni el prestigio que tanto había defendido ante los inversionistas.
Después de ver el desprecio en los ojos de Nahla y cómo buscaba refugio en los brazos de Mateo, entendió que lo había perdido to