La claridad del nuevo día no trajo la paz que Nahla tanto había esperado tras la conversación con su madre. Con el corazón latiéndole de prisa y el estómago revuelto por una molesta corazonada, se paró frente a la imponente puerta del penthouse de William. Presionó el timbre una, dos, tres veces, pero del otro lado solo obtuvo un vacío absoluto que empezó a encender todas sus alarmas.
—¡William! ¡Abre la puerta, por favor! Sé que estás ahí adentro, tenemos que hablar de lo que pasó ayer —gritó N