William se quedó estático bajo el umbral de la puerta, sosteniendo la carpeta corporativa con tanta fuerza que sus nudillos se tornaron blancos. Sus ojos recorrieron la escena con una velocidad letal, registrando la cercanía entre su esposa y ese hombre desconocido que se sentaba en su oficina con la soltura de quien es dueño del lugar.
La complicidad que flotaba en el ambiente, la risa que aún vibraba en los labios de Nahla y la evidente familiaridad entre ambos desataron una furia violenta qu