William se enderezó lentamente, limpiándose la comisura de la boca con el dorso de la mano. Sus ojos inyectados en rabia se clavaron en Mateo, ignorando por completo el dolor del golpe.
Lejos de amedrentarse, la agresión física solo avivó el fuego de su orgullo herido. Dio un paso al frente, con los puños cerrados y el cuerpo rígido, dispuesto a devolver el impacto multiplicado por dos. Mateo no retrocedió ni un milímetro, manteniendo su postura protectora delante de Nahla, con los hombros firme