El pasillo del hospital se estrechó de golpe. Las palabras del médico flotaban en el aire como una sentencia que Nahla no terminaba de procesar. Se sostuvo de la baranda metálica, sintiendo que sus piernas perdían fuerza. El diagnóstico no era solo el resultado del metal retorcido contra el asfalto; era una bomba de tiempo que William llevaba oculta en su propia cabeza.
—Doctor, hable claro —suplicó Nahla. Su voz sonó rota, apenas un hilo de vida—. ¿Qué significa que encontraron algo más?
El esp