El sonido de la cerradura fue como un disparo en medio de la noche. Aurora, con el corazón martilleando contra sus costillas, vio cómo la puerta se abría por completo. Quien cruzó el umbral fue Esteban.
Su presencia llenó el espacio de inmediato, cargada de esa falsa calma que siempre lo rodeaba. Al verlo, el terror le recorrió las venas y el teléfono que sostenía se le resbaló de los dedos, cayendo sobre la alfombra con un golpe sordo que para ella sonó como un trueno.
El doctor, reacciono con