Las semanas habían pasado, arrastrándose entre días grises que parecen no tener fin. Una oscuridad persistente se ha instalado en cada rincón de la ciudad, acompañada por tormentas que azotan los ventanales, como si el cielo mismo intentara lavar los pecados de una familia rota.
Penélope sigue desaparecida; se convirtió en un fantasma que huyó hacia las sombras tras el violento encuentro en aquel departamento. Fabiola, su madre, no corrió con la misma suerte. Debido a la gravedad de las heridas