La luz del amanecer se filtró por las cortinas de seda con una claridad hiriente. Para Aurora, esa nueva mañana no traía esperanza, sino el peso de una realidad que la aplastaba. No había logrado pegar el ojo en toda la noche; cada vez que cerraba los párpados, la imagen de Esteban se materializaba en su mente, superponiéndose al recuerdo borroso de aquella fiesta maldita.
La revelación de que su supuesto salvador era, en realidad, el arquitecto de su desgracia, la mantenía en un estado de alert