El tiempo pareció congelarse en el jardín de la mansión. Julián intentó dar un paso al frente, con el cuerpo tenso y listo para recibir el impacto si Penélope apretaba el gatillo, pero Aurora, con una agilidad nacida de la falta de miedo, se adelantó.
Se colocó justo delante de su esposo, protegiéndolo con su propia vida, y clavó sus ojos en los de Penélope. No había odio en su expresión, solo una claridad absoluta que resultó mucho más imponente que cualquier amenaza armada.
—Baja eso, Penélope