La noche finalmente se extendió sobre la mansión, trayendo consigo una calma que parecía casi irreal después de tanto caos. En la habitación principal, las luces tenues creaban un ambiente de refugio, lejos de las patrullas, los gritos de Penélope y la sombra de la traición.
Aurora se encontraba sentada frente al tocador, retirándose los aretes, mientras observaba a través del espejo cómo Julián se quitaba la camisa, revelando la tensión que aún habitaba en sus hombros.
Julián se acercó a ella y