Las semanas pasaron con una lentitud desesperante, marcados por el olor a hospital y la incertidumbre. Sin embargo, Leónidas demostró que su roble interno seguía en pie. Contra todo pronóstico, su corazón volvió a latir con fuerza y los médicos le permitieron regresar a su hogar.
Lo primero que hizo al recuperar el aliento fue llamar a Valentina. No quería intermediarios, ni abogados, ni a Georgina cerca. La citó en el estudio de su mansión, el lugar donde tantas veces la había mirado con despre