Valentina salió de la habitación con los ojos llenos de lágrimas. Alejandro estaba de pie en el pasillo. Apenas la vio caminar hacia él entendió que algo dentro de ella se había roto.
Ella no alcanzó a decir nada. Cuando llegó hasta él simplemente se derrumbó contra su pecho. Sus manos temblaban mientras se aferraba a su camisa como si fuera lo único que la mantenía en pie.
—Es mi culpa, Alejandro… Todo es mi culpa —sollozó ella, con la voz quebrada por el remordimiento—. Míralo cómo terminó. Si