La luz tamizada de la mañana entraba por las cortinas blancas de la habitación, pintando en tonos cálidos la silueta de Leah. A tres meses de embarazo, su vientre seguía apenas plano, tímido, pero ella ya lo tocaba cada tanto, como si en la quietud pudiera escuchar algo, sentir algo, comprender algo. Esa mañana, sin embargo, se sentía más débil de lo normal. Sus párpados le pesaban y el simple acto de incorporarse le parecía agotador.
Kevin salió de la ducha con una camisa blanca a medio aboton