Singapur guardaba una belleza peculiar en la madrugada.
Una mezcla de luces cálidas, aromas frescos y un murmullo constante que nunca desaparecía. Leah lo había notado desde el primer día, pero ahora, al cumplirse casi una semana desde su llegada, esa misma ciudad que la había recibido como un refugio empezaba a sentirse… demasiado grande.
Demasiado vacía.
Aquella mañana, despertó con un suspiro. Pasó una mano por su vientre, aún pequeño, pero para ella lleno de vida.
—Buenos días, mi amor… —su