— Vamos conmigo, necestamos hablar — Ella acepto y salieron del centro Comercial.
Kevin condujo sin decir una palabra, una mano firme en el volante y la otra sosteniendo suavemente la de Leah, como si temiera que ella se desvaneciera si la soltaba.
Leah observaba por la ventana del auto, con el corazón desbocado. No sabía qué pensar. No sabía si debía sentirse tranquila… o aún más confundida.
Momentos atrás, Kevin había irrumpido en su mundo como una tormenta. La había besado como si se estuviera ahogando y ella fuera su único oxígeno. La había abrazado como si quisiera sellarla dentro de su pecho. Y ahora, estaba llevándola a un lugar desconocido.
—Kevin… —murmuró ella, rompiendo el silencio—. ¿A dónde vamos?
Kevin apretó ligeramente su mano sin apartar la mirada del camino.
—A casa —respondió él con voz baja, firme—. A mi villa aquí en Singapur.
Leah sintió una mezcla de alivio y nerviosismo. Sabía que resistirse a él era inútil. No después de cómo la había encontrado. No después d