El teléfono vibró sobre la mesa de noche. Leah lo tomó con cuidado para no despertar a Emily, que dormía contra su pecho despues de amamantarla otra vez, pequeña y tibia, con ese sonido suave que solo hacen los bebés cuando sueñan. Sonrió al ver el nombre en la pantalla.
Kevin.
—Hola…
Su voz fue apenas un susurro.
—Hola, amor.
La voz de Kevin llegó grave, cansada… pero con esa calidez contenida que solo usaba con ella.
—Te estaba extrañando —dijo él— definitivamente me siento tan vacío si