La villa dormía. No era un silencio vacío, sino uno lleno de respiraciones suaves, de paredes que conocían secretos y de jardines que guardaban promesas. Las luces estaban bajas, apenas algunas lámparas encendidas marcando los pasillos como faros discretos. Leah dormía profundamente. Su cuerpo, aún cansado por el parto, se había rendido al descanso sin resistencia. Estaba de costado, abrazando una almohada, con el cabello extendido sobre la seda de las sábanas.
Kevin la observó unos segundos. S